La vida interior de Martin Frost, un Paul Auster frío frío

Abril 24th, 2008

Martin Frost se derrite 

Quizá es que Paul Auster nos tiene demasiado bien acostumbrados. Sus libros explican algo más que historias, y ha firmado el guión de un gran clásico como Smoke (Wayne Wang, 1995). Los personajes que construye Auster suelen ser próximos, cotidianos, pero al mismo tiempo pueden convertirse en terriblemente dramáticos. Desconozco gran parte de su bibliografía, pero en novelas como El libro de las ilusiones o Brooklin Follies nos presenta a personajes bien construidos que se enfrentan a situaciones bien construidas. En cambio, La vida Interior de Martin Frost (2007), dirigida por él mismo, promete en los primeros minutos unos personajes y unas situaciones que a medida que avanza la película van perdiendo intensidad.

David Thewlis interpreta de forma muy correcta a Martin Frost, aunque se le veía más cómodo en el papel del Profesor Lupin en la saga de Harry Potter. Martin es un escritor de éxito que, tras publicar una novela, se concede unos días de descanso en casa de un amigo. El amigo y su mujer están de viaje, así que Martin disfrutará de toda la tranquilidad del mundo en una enorme casa situada en un tranquilo pueblo. Una mañana, al despertar, encuentra en la cama a una chica desconocida. Su amigo común les dejó las llaves de la casa a ambos y coinciden sin quererlo. Irène Jacob interpreta a Claire Martin, y su sonrisa cautiva enseguida al espectador. Lo que inicialmente resulta un claro estorbo para Martin se convierte en un intenso romance.

A medida que la película avanza, conoceremos la misteriosa identidad de la joven. La pasión entre ellos se supone que crece, pero lo deduciremos más por la voz en off que por la química existente entre los protagonistas. Los dos hacen bien su trabajo, pero la interpretación no va más allá de la corrección. Con la aparición del fontanero Jim Fortunato (Michael Imperioli) y su hija Anna James (Sophie Auster) se completa un reparto discreto, en el que se nota que la joven Sophie ha sido elegida más por sus lazos familiares que por sus dotes interpretativas. Además, la historia se pierde por unos derroteros místicos que quizá en un relato escrito sean más fáciles de retratar.

En resumen, Auster intenta crear una atmósfera onírica alrededor de una relación muy peculiar, pero sus matices se pierden porque los actores principales no transmiten con suficiente intensidad sus emociones. La película resulta agradable, incluso interesante en su planteamiento, pero decepciona porque hemos visto y leído propuestas más interesantes de Paul Auster.

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